La mayoría de negocios locales escribe cada mensaje desde cero, cada vez. Eso tiene dos consecuencias: se tarda más en responder y la calidad depende del día que lleves. Tener siete mensajes escritos y guardados arregla las dos cosas.

1. Primer contacto, cuando escriben fuera de horario

El objetivo no es vender, es que sepan que les has leído. «Hola [nombre], gracias por escribirnos. Ahora mismo estamos fuera de horario, pero mañana a primera hora te contamos. ¿Te viene bien que te llamemos entre las 9 y las 11?»

2. Cualificación rápida

Dos preguntas, no seis. Lo que necesitas saber para decidir si merece la pena una visita: qué necesita y para cuándo.

3. Confirmación de cita

Con la dirección, la hora y el nombre de quien va a atenderle. Un cliente que sabe qué va a pasar falla mucho menos.

4. Recordatorio 24 horas antes

El mensaje que más ausencias evita de todos. Que incluya una salida fácil: «si no te viene bien, responde a este mensaje y lo cambiamos».

5. Presupuesto enviado

No mandes solo el PDF. Acompáñalo de dos líneas que expliquen qué incluye y cuál es el siguiente paso.

6. Seguimiento a los tres días

Aquí se cierran los presupuestos que parecían perdidos. «Hola [nombre], ¿pudiste verlo? Si hay algo que no te encaja, dímelo y lo ajustamos.»

7. Petición de reseña

El mismo día que termina el trabajo, no una semana después. Con el enlace directo a tu ficha de Google, sin pedir que busquen nada.

Escribir estos siete mensajes lleva una tarde. Tenerlos guardados en el sistema y que se envíen solos cuando toca es lo que cambia el resultado.

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