Para un negocio local, las reseñas de Google pesan mucho en si apareces o no cuando alguien busca cerca de ti. Y aun así, la mayoría de negocios tiene muchas menos de las que le corresponden por trabajo hecho.

El problema no es que no quieran

Tus clientes contentos dejarían la reseña. Lo que pasa es que se lo pides tarde, se lo pides mal, o directamente no se lo pides.

El momento importa más que el mensaje

Hay una ventana corta, el mismo día que terminas el trabajo, en la que el cliente está satisfecho y lo tiene fresco. Pasadas 48 horas, la probabilidad cae en picado. Una semana después, ya no vuelve.

Quita toda la fricción

Nada de «búscanos en Google y déjanos tu opinión». Enlace directo al formulario de reseña, en un WhatsApp, con una frase corta. Cada paso que añades pierde gente por el camino.

Y protégete de las malas

Antes de mandar a nadie a Google, pregunta primero cómo ha ido. Si la respuesta es buena, le pasas el enlace. Si es mala, la conversación llega a ti y tienes ocasión de arreglarlo antes de que acabe publicada. No es esconder nada: es enterarte a tiempo.

La constancia gana

Dos reseñas nuevas al mes, todos los meses, valen más que veinte de golpe y luego un año en silencio. Google mira que sigas vivo.

Todo esto se puede dejar montado una vez y que funcione solo: al cerrar el trabajo, sale la petición; si no responde, se le recuerda; y si la valoración va a ser baja, te avisa a ti.

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